jueves, 28 de octubre de 2010

Cap 3 - Apariencias

Había sido un día bastante ajetreado. La mañana transcurrió lenta y sin novedades, ancianas con sus aparentes protestas sobre el café. Algún que otro escritor frustrado con su novela. Observando como la gente entra y sale, sale y entra y vuelve a salir del café. Intentando obtener una décima de inspiración que sea el camino a su éxito. Madres con sus hijos recién salidos del hospital. Todo aquello solía ser un día normal en el Dedsley Coffee. Pero por mucho que esperase no había ni un solo rastro de Winter. Debía aceptar que él ha rondando mi cabeza durante toda la mañana. Hasta que al fin llegó la hora de salir. En la puerta del vestuario me esperaba mi compañera, Ashley.
-Vaya cara tienes, ni que hubieses visto un fantasma-Dijo con una bandeja en la que llevaba dos grandes bollos de crema. Me ofreció uno pero lo rechacé con un gesto de muñeca.
-Algo así por el estilo-Contesté. Me cambié rápidamente y me despedí con la mano.

Estaba finalmente en la calle, deseando verle. Caminé un poco hacia la calle de mi izquierda, y no estaba. En la de la derecha tan poco. Inesperadamente noté como unas dulces manos acariciaban mis hombros y se aferraban a mi cuello. Pero con demasiada fuerza. Me giré con un escalofrío en mi interior. Pero no había absolutamente nadie. Asustada comencé a correr hacia mi casa. Quizás estuviese allí. La noche anterior no había dudado en entrar ¿porque dudaría esta?
Corrí cual centella hacia mi casa. Tropezándo con cada objeto que había en mi camino, pero eso era sumamente normal en mí. Llegué al descansillo de mi edificio. Seguía sin verle. Subí las escaleras de dos en dos y abrí la puerta de mi casa diciendo su nombre. Pero no estaba. En lugar de eso había una nota, en ella solo había escrita una palabra en sangre:
Olvídame

miércoles, 20 de octubre de 2010

Cap 2 - Saludos

-¿Realmente estás aquí?-Pregunté, desconcertada.
-Sí, querida, siempre estaré a tu lado- Contestó el con una sonrisa en los labios.
-Pero, has muerto, yo lo he visto, te habías clavado aquella daga…
-Lo sé, pero he muerto para vivir a tu lado, ahora te pertenezco Elisabeth-Se aproximó a mí y acarició mi mejilla. Yo agarré su mano he inmediatamente la aparte de mí.
-Pero si no te conozco, ayer en el parque estaba…confusa, acababa de romper con mi novio y estaba colérica, no sabía lo que hacia.
-¿En serio lo estabas? Puede que fuese tu alma realmente quien hablase, ella deseaba que te alejases de tu antiguo novio y sabía que yo daría mi vida por ti. Y eso he hecho.
-¡Pero ya te he dicho que no te conozco!- le repetí- y tú tampoco a mí.
-¿Que quieres saber de mí?-Preguntó. Era extraño, aquel chico que acababa de conocer había conseguido que me sintiera cómoda, mas cómoda que en toda mi vida con Alen.
La lluvia rugía con violencia contra los cristales. Todavía era de noche, pero al parecer sería uno de esos días lluviosos en los que nadie quiere salir de su casa, desvié la mirada de la ventana y continué la conversación.
-Solo sé tu nombre, no tengo ni la más mínima idea de donde procedes, ni tu edad, ni como puedes estar aquí si ayer estabas tumbado sobre mí con una daga en el corazón.-Tenía tantas preguntas hacia aquel desconocido.
-Una daga en el corazón-Repitió.
Winter se despojó de su abrigo y me mostró su camisa. La parte frontal había tornado su color de blanco a escarlata.
Me estremecí al ver la sangre. Él hubo de notarlo, dado que volvió a ponerse el abrigo.
-Gracias-Susurré.
Winter me respondió con una sonrisa. Prosiguió con la conversación anterior.
-Todas tus preguntas son bastante sencillas. Mi nombre es...me gusta winter, vamos a dejarlo ahí por ahora. Verdaderamente no sé de donde provengo, Berlín, Italia, Dinamarca, Brasil…Cada lugar es una pequeña parte de mí, una historia diferente que se repite. Mi edad, la he dejado de contar allá por el 1850, y como estamos en el 2010 debería tener unos 160 años más que en aquellas fechas, realmente no se mi edad. Lo lamento profundamente. Puede que parezca extraño todo lo relacionado a la pasada anoche, los mordiscos, los gritos...realmente fue una noche de perros.
-Pero me habías mordido ¿eso quiere decir que también soy un...?-Se me hizo un nudo en la garganta.
-No, tranquila, jamás podría hacerte ese mal, no serás una vampiresa ni nada por el estilo- Comentó con una sonrisa en los labios. Pese a que seguía desconfiando de él debía admitir que tiene una sonrisa muy dulce.
- ¿Entonces que seré?- Pregunté desconcertada, me había leído cientos de novelas sobre vampiros, ¿acaso estaba viviendo una?
-El ser humano mas maravilloso de todo el universo.-Contestó él acariciándome nuevamente la mejilla, esta vez no aparté su mano, cerré los ojos y dejé que él continuara.
-Verás es sencillo, esto que siento ni siquiera yo puedo expresarlo con total claridad. Los antiguos textos vampíricos comentan que cada vampiro tiene su propia debilidad, su propio centro de gravedad, ya sean de clase parda, clara o oscura.
-¿Clases que?-Era una experta en el tema de los vampiros, pero jamás había oído nada semejante.
-Oh, es cierto, discúlpame, no te he dicho nada acerca de esto. Tengo tanto que contarte, jamás creí que pudieras existir.
-No pasa nada, pero ¿por que sientes tanta devoción por mí? Soy una chica normal, no destaco en nada, tengo mi casa, mi trabajo y mis amigos, como cualquier ser humano.
-Lo sé, aparentemente eres un humano normal, sin nada en especial. Pero para mí eres todo. No me preguntes por qué, pero siento que lo eres todo para mí, que eres el centro de mi mundo.
No me estaba gustando nada la dirección de aquella conversación. En tono cortante intenté finalizar la conversación.
-Tengo que ir a trabajar- No me gustaba para nada que me halagase, era un total desconocido, muy dulce y atento, pero un desconocido al fin y al cabo.
- ¿Puedo llevarte?-Pregunto tímidamente.
Realmente estaba interesado en mí, y era muy agradable. Pese a todos mis esfuerzos acepté encantada.
-Bueno has entrado en mi casa sin permiso, te has tumbado en mi cama y lo mas importante, te has tragado una buena parte de mi sangre, no veo por que no puedo dejar que me lleves a trabajar- Bromeé empujándolo fuera de la habitación.
-Te esperaré en el recibidor.
Me vestí en menos de 5 minutos. Bajé a toda prisa saltando los escalones de dos en dos.
Cuando llegué estaba allí. No se había escapado.
-Estás impecable- Comentó mientras observaba como descendía las escaleras.
-¿Disculpa? ¿Lo dices tú que pareces salido de la película Grease?- y no me equivocaba mucho. En el tiempo que había tardado se había cambiado completamente de atuendo. Llevaba una cazadora de cuero y una camiseta blanca, estaba muy guapo.
Fingí que no me interesaba lo más mínimo y cambié el tema.
-¿Nos vamos?-Preguntó tendiéndome su brazo.
-Si, claro-dije aproximándome a él.
-Las damas primero-me pidió con una sonrisa disimulada. Yo acepté y el empujó el portón metálico.
Pensaba que fuera habría un despampanante deportivo. O quizás me llevarías en volandas a velocidades sobrenaturales...
-Te gustan demasiado las novelas de ficción-Se mofó.
Me puse colorada muerta de vergüenza.
-Tranquila, siento no haberte impresionado- Se disculpó.
-Créeme lo prefiero de esta manera, no me gustan las sorpresas.
-Tomo nota-Dijo mientras reía por lo bajo.
El camino con Winter fue mucho mas ameno de lo que me había esperado. Hablaba sobre los lugares donde había estado, pero no de forma personal, sino de una forma totalmente objetiva.
-¿Como te sientes? -me preguntó.
-De maravilla –Respondí con una sonrisa.
Era completamente cierto, aquella sensación era única. Ir tan deprisa, con el tiempo circulando tan despacio…
Los rayos del sol comenzaban a brotar, el amanecer era uno de mis momentos favoritos del día.
Winter se frenó en seco y me soltó.
-Hemos llegado- dijo inesperadamente muy serio.
-Podrás venir a buscarme- pregunté con timidez.
-Sabes que siempre lo haré-Dijo Winter cambiando su cara, poniendo su dulce sonrisa y dándome un tierno beso en la frente.
Pensaba contestarle, pero como si de un relámpago se hubiera tratado desapareció entre los callejones oscuros de la ciudad. Sabía que en cuanto saliera de mi trabajo él estaría allí. Exhalé una bocanada de aire y caminé hasta el Dedsley Coffee la cafetería donde trabajaba.

martes, 19 de octubre de 2010

CaP - 1 =) El despertar de la oblación

Viernes por la noche, en un paseo solitario sombrío y tétrico. Estaba sentada en un banco cuando alguien llegó por detrás, una silueta soltó una bocanada de aire en mi nuca, mi mortal novio, me abrazó, aunque yo no quería. Comencé a llorar y suspirar en silencio.
—Déjame, por favor —imploré.
— ¿Qué sientes Elisabeth?
Todo lo que sentía era fácil de pensar, pero no de decir. La luna Plateada brillaba en lo alto, grande y mágica, su luz hacía de iluminación al paseo sin electricidad.
—Elisabeth ¡Vámonos de aquí! —suplicó mi novio.
Sentada en el banco le di la espalda, y a la vez, las lágrimas mojaron mi rostro como el agua baña las rocas en una cascada.
— ¿Quieres saber lo que siento? —pregunté limpiándome las lágrimas con la manga de mi abrigo.
—Sí. —contestó ansioso.
—Te odio… Alen.
— ¿Me odias? ¿Por qué? —cuestionó con las facciones cambiadas. Sí… ahora su cara estaba tan llena de confusión como dolor.
—Te creí Alen, me enamoré de ti, y sólo porque no te quise regalar mis labios… por un maldito beso. —me detuve y tomé aliento— Por que no te quise besar, besaste a otra.
No dijo nada, su silencio sólo fue leña que prendió más la hoguera de mi odio.
—Es posible que para ti esto carezca de importancia, pero yo no estaba preparada para ese beso.
—Ha de ser porque no me amas —dijo él descaradamente.
—Imbécil. —Me levanté del banco y le arreé una bofetada— Sí… estas en lo cierto. ¿Sabes qué? Tienes mucha razón, no te amo, por eso aquí y ahora hemos terminado.
Más silencio.
Me dio la espalda y se llevó las manos a la cara, estaba llorando y su dolor me hacía sentir tan bien. Me miró entre ojos vidriosos y cayó de rodillas, murmuró algo, sus labios se movían, pero no escuché sus palabras. Me arranque de un solo tirón la fina cadena de plata del cuello, la arrojé al suelo y la aplasté con mis pies hasta que se dividió en dos, después la recogí y tuve en mis manos un colgante en forma de corazón a la mitad, lo apreté en mis manos.
—Así está mi alma ahora —dije señalando el colgante. Luego lo tiré al suelo.
Él se arrastró y agarró lo que quedaba de aquel collar, temblando, lo miró de cerca y salió corriendo. Segundos después desapareció.

Comencé a caminar en la dirección opuesta, todo estaba muy oscuro dado que unas nubes habían decidido esconder la luna. Tropecé y caí al suelo, me reí de mi propia torpeza llamándome tonta. Me levanté y miré hacia delante, entonces lo vi. Sentado en otro banco del parque, su aspecto era melancólico, afligido, desamparado…igual que el mío.
En la soledad del oscuro parque la silueta abrió los ojos, unos ojos que irradiaban la luminosidad de la luna. Se aproximó con paso majestuoso.
Me abracé a mí misma por el frío, el extraño joven se quitó el largo abrigo y lo colocó sobre mis hombros.
Me tendió su mano y la tomé, eran increíblemente suaves. Posó sus dedos en mi rostro y descendió hasta mi cuello. Apretó sus dedos sobre el y se los llevó a los labios. Desconcertada hice lo mismo y miré la sangre de las heridas que me causé al arrancarme la cadena.
Sus ojos marrones verdosos eran inmensamente profundos. Hermosos. Sin apartar la mirada probé mi propia sangre, gotas que pasaron por mi garganta y que me hacían sentir bien. Abrió sus brazos y me dejé caer en él, en su abrazo.
— ¿Quieres venir conmigo? —dijo suavemente y luego contrajo el labio superior dejando visibles dos afilados colmillos.
—No conozco tu nombre...
—Llámame Winter—respondió—¿Vendrás conmigo?
—Sí…pero —apreté fuertemente su camisa— dame, por favor, tu sangre.
Se mordió los labios y apoyó su frente en la mía, luego con mis labios tomé la sangre de los suyos y se disolvió todo en un recóndito beso.
Algo me alejó del vampiro, sentí un empujón y caí de nuevo al suelo, Alen me miraba furioso.
— ¿Con que no estabas preparada? y te vienes a besar con un desconocido, porque te he visto, el apenas te dijo su nombre ¡No sabes quien es!
Intenté contestar, más no pude, porque Winter clavó en mi garganta sus colmillos. La sangre salía a borbotones y manchó de escarlata mi vestido. Dolor mezclado con placer, tristezas junto a la alegría; y mientras mi sangre abandonaba mi cuerpo, Winter no apartó la vista de Alen.
Alen corrió hacia el vampiro, pero fue inútil, me soltó rápidamente para ponerse en posición defensiva mientras mi antiguo novio se abalanzaba sobre él con intenciones de simular un placaje como en un partido de Rugby. Resultó totalmente inútil, Winter se desplazó unos centímetros a su derecha y sus manos capturaron su cálida garganta. Alen gimió. Winter sonrió macabramente y clavó las lustrosas uñas hasta que sus dedos quedaron bañados de sangre; lo soltó con desdén y saboreó el líquido que lo hacía un monstruo.
— ¿Aún quieres venir conmigo? —Pese al acto de crueldad que acababa de presenciar su voz sonó dulce y angelical.
—Sí.
Winter se acercó a mí y me elevó en volandas.
— ¿Me amas?
—Por supuesto —murmuré y di un suspiro.
—Yo igual mi amor, pero amo mas tu sangre. Perdóname.
—Claro, ven, cierra mis ojos y apaga mis ilusiones.
Y de nuevo estaba él en mi garganta, me sostuvo fuertemente en sus brazos y bebía cada vez más rápido,dejé de sentir mi cuello. La muerte venía, ya podía escuchar sus pasos, pero, inesperadamente cesó su festín, parado a mi lado, con lágrimas sanguinolentas en los ojos. Se agachó a mi lado y me besó en la mejilla, y sacó una pequeña daga puntiaguda y muy filosa.
Me colocó la daga en la mano y puso su mano alrededor de la mía, la condujo hasta su pecho y con una fuerza sobrenatural la clavó en sí mismo.
Se acomodó boca abajo en mi regazo y al hacerlo hundió más el arma en su corazón. Nuestro fin fue lo deseado: morir juntos.
Aún agonizante logré vislumbrar a Alen, este temblaba y se dirigía hacia mí, Farfullaba frases, pero ya no conseguía escuchar nada.
Suspiros…
Sonreí y dije “adiós”.
lo último que pude observar fue una figura saltando sobre mí y un grito….

Me levanté casi ahogándome, ¡Oh demonios! ¿Un sueño? Pero… era tan real. Acaricié mi cuello y sentí las marcas de sus colmillos.
Y ahí, desde mi ventana, en la oscuridad de la noche brillaba la luna plateada y su luz apuntaba a una figura de aspecto melancólico, triste, desamparado… Que abrió sus marrones ojos verdosos y decía dulcemente: Aquí estoy mi amor